Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

Jindama

Esta jindama que me entra

por verme empanao en el rompeolas

viendo como se recoge la mar

antes de que me trague en su grito,

esperando tieso de calambres y mudo por la farra

a que me desuellen las rocas del suelo

tras el revolcón de violencia;

es el precio a pagar por sobrevivir a Sarajevo.

Por ver cómo se mermaron las tropas

y resistir el asedio en una falange monomarental.

La eterna sala espera de la catástrofe

la tengo mu bien cuidá.

Llena de granadas y flores de patios cordobeses.

Una placa infinita de polen de Ketama

y 20.000 ventanas para que entre el sol

y pa poder escabullirme como el bandido Zamarrilla

cuando lleguen los picolos

con sus confetis y matasuegras.

Ahora quiero que la cuide otro

y que monte ahí su tinglao.

Que me vea perro cachorro detrás del rabo,

con un vispringnazo para taparme los vicios,

las gafas de sol para las conspiraciones

y cerveza a espuertas para regar

las matas de la azotea.

Este canguelo raro que me recorre la espalda

se está quedando bugeao.

Este pellizco del estómago que me entra

cada vez que me invade la salmuera rinconera,

cada vez que se me riza el pelo de la humedad

es cosa del kairós; de esta paz inusual

con la que me migo los porros,

cada bocanada de aire me sabe a jazmín

y a tierra mojada de rocío,

por los excedentes de tiempo

que le he mangao al crono

por el tienes los huevos de plomo

y los arrastras que te los vas a pisar.

Ahora elijo volver a estar tol día

en la calle de mis deseos

en mi banquito de los placeres

de la plaza de mi Eros.

Ya sabéis dónde encontrarme.