Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

Revolución horizontal

Hago estas pompas de jabón esperando

que lo efímero signifique algo

y no conjugarlo siempre

con el pretérito del verbo ser.

Este ritmo es un volver a empezar

rato a rato, puchero a puchero;

aunque sobre los adoquines

se quede el caucho de las suelas

y el fuego de los mecheros

en el calor de los bares.

Porque lo efímero significa algo

y no lo que se pierde por la vida,

por la espera a la ola

que se levanta con grito de abismo

a desuellarme con los guijarros de la orilla.

Los anillos de humo

que me salen de los canelos

son por hacer belleza de lo muerto;

por sentirme tanatopractor

de los seres inertes que perecen,

para reflotar los pecios encallados

en el fondo de mi memoria.

En este mundo de exceso de entusiasmo

y de falta de alegría

elijo bucear entre mis sábanas;

porque mi cama no asfixia,

siempre está caliente;

porque aquellos eternos «ponme al día»

se quedan sin horas que pueda recrear.

Me gusta que me llamen perdedor

en el tiempo, hacedor de chicles estirados,

persiana liada en el after,

que me recnozcan

el no intentar ganar ni un trofeo

del campeonato de lo frenético.

Me pone sentirme desertor

del baile de máscaras del Temu

bajo la tormenta de superación y meritocracia:

Los ricos no se hicieron ricos currando;

y por las costuras de mi edredón de titanio

no se cuelan los acáros, como la dignidad

no se consigue con ocho horas de esclavitud.

Me quedo en la cama,

haciendo la revolución horizontal,

con el cuello quieto, sin moverlo,

sin salir de farra ni fichar en el tajo,

sin minutos ni historia que contar.

Me quedo viendo como se deshacen con mimo

las pompas de humo que flotan

sobre el reloj de mi cuarto.