La espiral de la autoestima,
es un valor irreal como el dinero:
vacas gordas al banquero,
las flacas para los ruinas.
Si vas perdiendo es tu culpa.
Estás abajo de la espiral.
Tú eres el único que se culpa,
no te sabes respetar…
¡Sandeces, tonterías y demás!
Ese individualismo
ha jodido el humanismo,
y el cooperativismo.
El cuidarnos, ayudarnos,
y el autogestionarnos.
La persona que no dejamos llorar,
que obligamos a no sufrir,
es un producto demás,
carne de cañón para fracasar.
Seamos fuertes, por favor,
no nos pueden atrapar.
Son ellos los que oprimen,
y no te dejan desahogar.
Dejemos ya de ser dóciles,
arcilla para moldear:
lloremos, gritemos y pataleemos
hasta que se empiecen a cansar.
¡Y que se preocupen ellos
de ganar o fracasar!
Y que siempre nuestra vida
gire en torno a disfrutar.