Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

Cuantas cosas he de cambiar de mí

para ser como quiero se: qué soy.

Se lo debo a un niño de barrio

corto, soñador en largo y tendido.

Me lo merecen las horas de llantos

en morse y no conozco el código.

Las noches en el balcón

con la Luna de luz tenue,

un boli y un papel limpio

que diluyen ideas frescas.

Eso era lo que pedía el folio

y lo que saca mi mano en inerte;

incontrolable, suelta; mente ágil.

El instante de la idea perdida

que se ve transeúnte del tiempo

en un espacio vacío,

blanco, como la mesa de reposo:

un punto de inicio que torna rojo.

Colisión. Son ecos fríos,

retumban mi pecho; rezuman vísceras.

He perdido razones, hallo otras.

El Superhombre de Nietzsche

es el niño al que mato,

el que juega y transmite,

ejercicio de pinta y colorea.

El que hace plastilina

de todo lo que tocan sus manitas.

Ha nacido una estrella

y han muerto muchas otras.

Hoy es perfecto. Mañana

un papel en la basura.

¡Que disfrute mi yo ya!

y sufra mi yo luego.

Deseos, amores, miedos,

carencias, defectos, sangre,

esperanza… ¡Salid de mi neurosis!

Que mi pan sigue caliente

y la vida es un show que se repite.

Siempre con mismo final

para con todos sus protagonistas.

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