Un tráfico lento. Un sorbo frío.
El no saber qué hacer
y astillas del hastío.
La cama desangelada.
Poemas de amor vacíos.
¿Si sé qué me sale de la mollera?
Un ladrido ronco.
Un vuelo salvaje.
El verdegrís de las miradas
en un perfecto maridaje.
Espero cada segundo paciente.
Deduzco entre ellos penas
y llantos de serpiente.
He sacado alegría firme
en el albor de un tren cansado.
Me amargó el chocolate
que por negro es morado.
Me relucen las prendas
sucias, mojadas por sudor
de un cuerpo febril, dorado.
Y ahora ando desorbitado,
y girando al contrario
de un mundo abandonado.
Me ha visto el óxido y el Betadine
las heridas abiertas
y mis películas sin cine.
Abro una puerta sin favores
y veo figuras lánguidas
acostadas en montañas de errores.
No son de rojo por pomelos ácidos
la cura que me devora
cuando pinto el cuadro de mis horrores.