Con esto del Covid
me encanta ver las bocazas
agrandarse por exceso de meconio,
hincharse el Españal como un globo,
y PUM:
explosión de mierda galimática.
Me aburre vuestro Ibex
y sus predicciones ególatras.
He convivido con quien ha confundido
egoísmo y ambición.
Ha juzgado mi deseo de napalm
como una actitud pueril.
Me cansan esos hijos únicos de los nuevos ricos,
enviados con dinero sucio
al mundo violado por sus falos,
para callar la molesta vocecita que clama
por sus fábricas esclavistas de Marruecos,
India, China o Pakistán,
putos paños calientes
para la consciencia en carne viva.
Me cago en las estampas de sus mártires,
en sus intimidades y sus miserias,
en su libertad de poder
y en el kleneex rojigualda
que me tapa la lengua de fósforo.
Hace tiempo decidí no formar parte
de nada de lo que os gusta
de nada que os provoque placer.
Me resta la presión de corresponderme
con la idealización de mi ser.
Me siento cómodo estando perdido
en una generación despechada, acorralada,
enjaulada entre barrotes de cobre,
oro y valores fiduciarios.
Arremeto como un íbice
contra la gente inconsciente:
– cepillarse los dientes por la mañana es un acto político.
Arremeto como un esturión
contra los indignados oyentes de este verso.
Os duele,
porque no veis la verdad de frente,
como la mosca saciada
de la incontenible mierda del Españal
que choca lelamente
contra el cristal de la ventana.
Europa cuece un mundo dicotómico.
[Sí-No].
Bajo mi cárcel del ser lo puedo advertir.
Cuando me fugo,
es uno u otro.
Ya no somos calaveras vacías
ni esqueletos caducifolios
que vagan por el mundo cementado.
Nos convirtieron en perros ansiosos
que no paran de comer
hasta el fin del pienso,
se vomita y se repite el plato.
Así es normal que se escapen las mierdas.
Yo bailaré como un reo
esperando el toque de gracia
la bala que sale del cañón
tras el estruendo de pólvora
a ver si acaba con la voz granulosa de mis sienes
ojalá me atraviese el cráneo y me rapte los susurros
ojalá haga rebote y siga eliminando nuestros vacíos
bañando de sangre los rostros asesinos;
por las gachas e infinitas noches de evangelio
por las bombas de los nazis a la Desbandá
por el precio que pagó la cordura
tras el delirio de la ultra razón
No se me quitan las ganas de potar
ni con pantoprazol ni almax
ni con bicarbonato ni con limón
ni con los dedos atravesados en la garganta.
Es la sensación eterna
del futuro gris marengo
basugre y carne avinagrada
cables en ramas de olivo
civilizaciones con fronteras de piel
gritos de auxilio con alitosis
pies descalzos
camino de cristales
Os espero agazapado en los matojos
bebiendo cócteles de miedo e inseguridades
sin saber qué coño va a pasar
sin saber qué quieren decir
todas las respuestas de ayuda,
imaginando un mundo etéreo
liviano como el éter
suave como el pelo de un gato
afectuoso y plausible, tierno;
con fuego en las entrañas
y ardores en el pecho.