Andábamos perdidos;
gateábamos desubicados
entre lo mecánico y analógico.
Llovían bombas de los cielos
Héroes del horror calcinaban bosques
y el futuro de toda una especie
sometida al plástico y gasoil.
Andábamos perdidos
sobre alambres de espinas de rosas,
caíamos sobre zarzas de cristal
una y otra vez, sin medir el impulso
como las ratas que huyen del pesticida
y saltan todas juntas
dentro del cubo con pegamento.
El tiempo esclavizaba
con sus manecillas divagando
lentamente por su esfera
clavándose a cada tic a cada tac
en los cuellos humanos
como un témpano hecho puñal
penetrando frío
y derritiendo las esperanzas.
Andábamos en constante conexión
fichando al entrar,
con orden y progreso
fichando al salir,
con brebajes corrosivos,
con medicinas prometeicas
hormigas soldado marcaban
los límites de acción
del obrero presto y fiel lacayo
de la perezosa reina y sus delfines.
Aceleramos el paso,
cayeron más bombas
se segaron más vidas
se llenó el presente de antenas
chimeneas y tracto-camiones
de tapias sin ventanas
se crearon más vidas
se necesitaron las nostalgias,
los deseos, las estrellas.
La Luna bajo el pie.
La galaxia se veía canica,
asequible e infantil,
algo que rueda en palma de mano.
Empezábamos a trotar
cambiando individuo
por número de identificación nacional
que producía sin descanso
y en los descansos se producía.
Llenaba su historia con material en descomposición
tecnología en paulatina mejora
La mente orbitaba
en lo efímero y lo caduco
en lo limitado y lo finito.
La mente olvidaba
la magestuosidad de lo desconocido
de lo que hay sobre las cabezas.
Universos reducidos en habitaciones
galaxias atrapadas en las pantallas
Cuerpos enjaulados
en un presente nostálgico.
El enjambre se agitó con el trote
empezábamos a jadear
se descontrolaba la respiración
los molinos volvían a ser gigantes
los mares se teñían de rojo.
Las ideas se hicieron materia
palabra de Dios en la tierra
discursos psicosomáticos
callaron los sollozos de los seres baldíos
los habitantes de las costras de las ciudades
eran gusanos viviendo de la infección
de una sociedad mal herida exangüe.
Los pistones explotaron dentro del motor,
ya todo era imparable
la propia inercia de su fuerza
era la parada de emergencia.
El motor revolucionado
no puede aguantar mucho.
El monstruo no paraba de comer.
Las horas duraban segundos
y los minutos milésimas.
Velocidad de vértigo
esencia a goma quemada
Vivir rápido morir joven
aún lo caduco del cuerpo
Vivir rápido morir joven
para superar la propia existencia natural
para batir las alas de mariposa.
El tiempo se convirtió en nosotros
el reloj biológico se acompasó con él
solo podíamos correr, ser fugaces,
breves e instantáneos
no quedaron suficientes granos de arena
para las necesidades de sosiego.
Mi parte de la historia es el sprint
de una especie secuestrada por los latidos del tiempo.
Mi parte en esta historia es el deseo onírico
de fallecer a mi ritmo,
de recuperar el futuro,
lejos de un reloj sobreestimulado
pero siendo un engranaje más
de una máquina que no para de tragar
y que no termina de acelerar
para poder saltar el abismo.