Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

La aceleración del tiempo

Andábamos perdidos;

gateábamos desubicados

entre lo mecánico y analógico.

Llovían bombas de los cielos

Héroes del horror calcinaban bosques

y el futuro de toda una especie

sometida al plástico y gasoil.

Andábamos perdidos

sobre alambres de espinas de rosas,

caíamos sobre zarzas de cristal

una y otra vez, sin medir el impulso

como las ratas que huyen del pesticida

y saltan todas juntas

dentro del cubo con pegamento.

El tiempo esclavizaba

con sus manecillas divagando

lentamente por su esfera

clavándose a cada tic a cada tac

en los cuellos humanos

como un témpano hecho puñal

penetrando frío

y derritiendo las esperanzas.

Andábamos en constante conexión

fichando al entrar,

con orden y progreso

fichando al salir,

con brebajes corrosivos,

con medicinas prometeicas

hormigas soldado marcaban

los límites de acción

del obrero presto y fiel lacayo

de la perezosa reina y sus delfines.

Aceleramos el paso,

cayeron más bombas

se segaron más vidas

se llenó el presente de antenas

chimeneas y tracto-camiones

de tapias sin ventanas

se crearon más vidas

se necesitaron las nostalgias,

los deseos, las estrellas.

La Luna bajo el pie.

La galaxia se veía canica,

asequible e infantil,

algo que rueda en palma de mano.

Empezábamos a trotar

cambiando individuo

por número de identificación nacional

que producía sin descanso

y en los descansos se producía.

Llenaba su historia con material en descomposición

tecnología en paulatina mejora

La mente orbitaba

en lo efímero y lo caduco

en lo limitado y lo finito.

La mente olvidaba

la magestuosidad de lo desconocido

de lo que hay sobre las cabezas.

Universos reducidos en habitaciones

galaxias atrapadas en las pantallas

Cuerpos enjaulados

en un presente nostálgico.

El enjambre se agitó con el trote

empezábamos a jadear

se descontrolaba la respiración

los molinos volvían a ser gigantes

los mares se teñían de rojo.

Las ideas se hicieron materia

palabra de Dios en la tierra

discursos psicosomáticos

callaron los sollozos de los seres baldíos

los habitantes de las costras de las ciudades

eran gusanos viviendo de la infección

de una sociedad mal herida exangüe.

Los pistones explotaron dentro del motor,

ya todo era imparable

la propia inercia de su fuerza

era la parada de emergencia.

El motor revolucionado

no puede aguantar mucho.

El monstruo no paraba de comer.

Las horas duraban segundos

y los minutos milésimas.

Velocidad de vértigo

esencia a goma quemada

Vivir rápido morir joven

aún lo caduco del cuerpo

Vivir rápido morir joven

para superar la propia existencia natural

para batir las alas de mariposa.

El tiempo se convirtió en nosotros

el reloj biológico se acompasó con él

solo podíamos correr, ser fugaces,

breves e instantáneos

no quedaron suficientes granos de arena

para las necesidades de sosiego.

Mi parte de la historia es el sprint

de una especie secuestrada por los latidos del tiempo.

Mi parte en esta historia es el deseo onírico

de fallecer a mi ritmo,

de recuperar el futuro,

lejos de un reloj sobreestimulado

pero siendo un engranaje más

de una máquina que no para de tragar

y que no termina de acelerar

para poder saltar el abismo.

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