Ha explotado tanto todo
que casi todo ya está muerto.
Los viejos del lugar
anclados en sus recuerdos
relamen las migajas de sus sueños.
– esos que vieron cumplir
para cargar de metralla
las bombas invisibles del presente.
Ha explotado tanto todo
que casi todo ya está muerto.
Los niños del corral
encerrados en sus guaridas
destrozan las cadenas de sus cuellos.
– esas de frío sentir
para acallar los canallas
e iluminar los colores oscuros.
Sigue explotando todo
siguen pateando a las fieras
y siguen posponiendo promesas
y sigue explotando todo de rabia
y sigue explotando todo de codicia
y sigue explotando todo de miseria.
Como el bucle de un androide
está en el chip vivir entre estallidos
hacerlos nuestros, decir que son naturales.
Pero hemos explotado tanto todos
que casi todos estamos muertos.
La turba de los ingrávidos resucitará.
Como un Cristo de carne y hueso.
Cargada de niñas y ancianas.
Avanzará con el paso firme del segundero
llenando de cal los ¡viva! de su patria
la del muerto con honores bajo palio del señor,
la del mérito de la herencia sanguínea.
Que sientan sus miedos,
que sientan sus pieles flácidas,
que sientan sus llantos de hambre.
Porque de sus sueños
– esos que no vieron cumplir
se han levantado vidas sin peso
vidas flotantes que rebotan entre sí
para hacer de la leña calcinada árboles animados.