Oye niñato, largo de aquí,
apaga ese cacharro
que huele mucho a ruido
apaga esa bengala
que suena mucho a mierda
apura ese brebaje
que puede con mucha gente.
¿y qué hago yo ahora con esta caraja, agente?
¿qué hago yo con esta carita de NO PUEDES PASAR?
¿qué le cuento a mi viejo de los mohínos de mi rostro?
Sonáis las sirenas
como un cuerno orco
callando nuestros gritos de banzai.
No se os pasa nadie,
adalides de lo legal
adúlteros de lo ético
ambiguos con los vicios
a lo perrito con el tramposo.
Tu condición de ciudadano
te suda el nabo
tu posición de poder
un espejismo del desierto resultante
de una mierda de vida.
Ejemplo para tus padres
ídolo en tu familia
el crack de las nochebuenas
no hay quien pare, pichita,
el frenesí argumental de tu verbodiarrea
sobre los camellos, las putas y los yonkis.
Pero coño, ahora sois modernos:
lleváis tatuajes
habéis nacido en los 90
habéis hecho una oposición
de cómo comerse unos huevos
y que lleguen a la nuez de Adán
sin llegar a atragantarse.
Pero le aseguro, agente:
Más bonita es la pistola
metida por el culo en la intimidad del hogar,
más chula está la porra de aluminio
lubricada con nuestra sangre
cuando se la mete su amante por el ojete.
Estoy frente a esta pared de ladrillo
como el hombre de vitruvio
con 25 gramos en el pantalón
y los ojos, puñalás en tomate
sin distinguir local, civil o nacional
solo berrido de bestia
con ganas de pasar su aburrimiento.
Desterrado del parque
no tengo bahía donde encallar.
Me echaron del templo
donde hacemos aquelarres.
Me obligan a que siga corriendo en la rueda.
Tiene que haber energía
para que se mueva la máquina
que me traga
y luego me caga de tal forma
que no hay quien fume
de mi bellota.
Écheme del botellón, agente
que las voy a pintar igual, jefe,
que voy a colear las nubes
aunque a ellas no le gusten
los tonos tan tristes que uso.