Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

La profunda balada del tiempo perdido

El corazón del segundero

late muy distinto

dentro de las paredes de mi cuarto:

Acelera continuamente las pulsaciones.

Compite por superar su anterior ritmo.

Y a mí siempre me pilla

con los relojes del revés.

Porque me bebí de hidalgo

el vértigo de su hacer

y tumbé de un cabezazo

la línea vertical que marca su rumbo.

El dictado del minutero

sucede muy distinto

en el denso ambiente de mi habitación:

Se mutila.

Se deshace.

Le cuesta avanzar.

La aguja se arrastra.

Su paso dura un pitillo.

El humo baila a su ton y son.

Y yo bailo la macabra danza de su sino,

la profunda balada del tiempo perdido.

El perezoso horario

avanza muy distinto

en la esfera de mi despertador:

A veces encabalga las horas.

Se le olvidan los números.

Y aún con la certeza

de que me engaña,

yo sigo sus proclamas

y obedezco el guion

que un borracho torpe

me escribe sobre la marcha.

El tiempo se pierde cuando me pierdo

en cualquier rincón de Madrid

El tiempo me huye cuando huyo

de Madrid a mi querido Rincón

– buscando ser

El domador de milésimas

el adjunto al director cronologías

un jornalero del espacio-tiempo

– buscando tener

sueños como anales

memorias de deja vù

e historias de rumores.

Mi paso por las galerías del tiempo

no es más que ser testigo

de una vida llena de infinitos

que devoran mordisco a mordisco

los cuerpos caducos

que intentan utópicamente descifrarla.

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