Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

La máquina de escribir

Por más que me apriete las sienes con los pulgares,

por más que el aire frío encoja mis pulmones

y yo los termine de enrollar en mi tórax

quemando los restos de la pitillera;

por más dulce que sea la falsa sensación

de fuego en el pecho, lágrimas de verdejo

y mordiscos por el éxtasis de las rólex,

no tendré nunca el momentum donde el sudor

haga su maridaje divino

con la tinta negra de mi pilot

y engendre un monstruo con costillas

de versos con pedigree,

lengua partida por la metáfora,

un par de párpados de duro metacrilato

y la voz – un gemido protestante,

como el yunque que prefiere ser hueco tambor

que metal siendo golpeado por otro metal.

Por más que apriete la punta del boli y se doble de rabia,

por más pelos caducos que arranquen mis dedos

y yo los tire por el balcón en arrebato de cólera

cayendo al ritmo maternal del cálido viento;

por más viva que parezca esa falsa realidad

de contratos indefinidos, créditos sin comisiones

y éxito galopante por esfuerzo y sacrificio,

no hallaré nunca el momentum donde el ardor

haga su conexión divina

con la dopamina de mi mente

y vomite un leviatán con escamas

de imágenes sin contexto,

aletas redondas por la sinestesia,

un par de colmillos de punta roma

y la voz – un sollozo profundo

como el bafle que prefiere ser sordo cantor

que sonar estando aburrido por otro sonar.

Por más que afile el lápiz

por más que engrase las teclas

de mi imaginación hispano-olivetti

no ocurrirá esa aparición

ese momento de súmmun

con garantía hollywodiense

de dejar un bosquejo cosido con hilo de originalidad

la excelencia buscada en letra ajena

porque con la halitosis de hiel en cada una de las palabras

que germinan en las microfibras mi papel

no es suficiente para que arraigue lo verosímil

de todas las ideas que escupe con un sutil desprecio

la máquina de escribir de mi egolatría.

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