Las ganas de superación
se me han quedado deprimidas
cuando no les concedí
título de calidad premium.
Ni si quiera se lo daré a póstumo.
He visto a más de un grano de arena
derrotar al temible Mulhacén,
y a un gólem de cinco metros llorar
porque se ha perdido
entre los pasillos del súper.
La rebelión de los personajes literarios
que custodian con amargura propia de soldado
unas trincheras carcomidas
por el tiempo estancado.
Tantos años defendiendo
su posición en las baldas,
y ahora salen por Espartaco
con el arte de la puta guerra.
Me apunta a la cabeza el cañón
de un revólver malhumorado,
que me exige que no mueva ni un solo punto,
y que no se desparrame ni una sola coma.
Mis ganas de superación se han asfixiado
porque más de un terrorista
les ha tapado nariz y boca
con una bolsa de plástico
para evitar que llegue yo
tan echado para adelante
a decirle a todo Cristo
que todos cargamos cruces
y que a todos nos pesa
más o menos, tonelada por año.