Avanzáis y mi conciencia se estira
más allá de los límites del cemento,
donde no me podéis encontrar
porque no tenéis mapas para diseñar
la última embestida,
la gran operación de búsqueda y captura
que se cierne sobre mis carnes.
No aceptáis que los colores de vuestros blasones
solo lo perciben vuestros polizontes,
los demás somos daltónicos,
y en cada esquina de esta casa
te encuentras tantos ciegos
como reyes tuertos.
Solo pueden sentir.
Sois la viscosa culpa y el error.
La presión que baja
cuando la marea recoge cable
soltando el tsunami que espero
contemplar con confeti y champán
desde la azotea más alta
que hayan construido mis neuronas.
Por tierra, mar y calles avanzáis,
levantando todas las raíces, algas y adoquines
haciendo estériles los valles
que en su día crecieron
en los pliegues de mis pieles
y que impidieron hacen muchos años
el avance de vuestras tanquetas.
Las Ardenas fueron insuperables.
Ya no me quedan pelos
de tanta fuga y escape,
los campos de concentración
no os sirven de nada
porque no alcanzáis mi paso.
Porque no habéis sido
capaces de derribar
este búnker de integridad
donde me escondo.
Ni sabéis cual es el antídoto
del veneno de mi atmósfera.
Juego en mi campo con mi público.
Yo no soy solo yo. Os he engañado.
*Versos de Ana Pérez Cañamares de Economía de Guerra