Ahora que la cosa ha perdido trabas y espinas,
decides olvidar toda una elegía al esfuerzo
y eliges observar con los ojos del revés
la realidad desgajada como una granada
y las manchas que adornan con su burdeos
los hilos blancos de nuestras solapas.
Ahora que la cosa ha elegido caer de pie,
decides demostrar todo un imperio de desdén
y eliges actuar con los huesos por fuera
en escenarios gélidos como una guerra
y en circos donde exigen con cruel ímpetu
las cabezas cortadas de los protagonistas.
Ahora que la cosa ha estado tranquilita,
decides revolver toda una montaña de escombros
y eliges escuchar con los oídos descubiertos
los estruendos disonantes de las bombas
y los silencios que reclaman con justicia
los pétalos secuestrados de la esperanza.
Ahora que la cosa va bien,
empiezas a centrifugar
todos los colores juntos
por si quedaba algo claro
hacerlo más difícil de encontrar.