No ve de asco los grumos de la leche entera
cuando hace simbiosis con el café.
Los tengo pegados en los glóbulos
blancos de mis sienes.
No me protegen de nada.
A buchitos me los voy metiendo,
como el gremli que usa la llave de la casa
para abrir la puerta mágica del ansia.
Desinformación desmontada
por ácidos metadatos.
No ve que asco ese sacrificio ciego y absurdo
del que no paras de hablarme.
Tengo desde la punta del pelo
a la queratina de los pies
un gigante NO que todos pueden leer.
No voy a escuchar tu cuento.
No voy a escuchar ni medio golpe de voz
No voy a entrar en esa ridícula
espiral del silencio que te da la razón.
No ve el asco de nubes que les toca hoy llover.
Atiende: no hay paraguas que resista
ni pararrayos que funcionen
en la tormenta que apresura torturarme.
Necesito quedarme tranquilo un segundo,
una esquina de castigo
en el jardín de infancia
un refugio para el alma
cuando se cree azabache:
negra y blanda, y cuando prende
se oscurecen hasta los átomos que forman los soles.