Mira mostro,
no te adentres en estos jardines
que no se te ocurre idea de lo que pasa por debajo de la tierra.
Se perdieron todos los bandoleros
entre sus árboles de polvo con sabia turquesa.
No sé que esperas sacar
de esa promesa tan pegatina.
Me parece una excusa de mierda
decir que no éramos suficientemente jóvenes;
y me parece aún peor que me digas que los moldes
no se rompieron porque su argamasa estaba en las ideas.
¡Qué me quieres contar si seguimos esperando
a que venga el Señor supremo de todos los gorriones
-el que sirve de señuelo y rumbo de su vuelo-
-el que decide donde está bien puesto el nido-
a dar una explicación a todo este atolondramiento!
Los espantapájaros se arman hasta los huevos
y nosotros aún esperamos a que venga
el príncipe Revolución a salvarnos.
Como si nos hubiésemos creído a Disney
y a todo su devoto coro dominical.
Mira máquina,
No te deshagas en los charcos
que ni si quiera sabes lo que está pasando detrás de sus orillas.
Los engendros siempre se esconden
tras un telón de dientes con labios estirados.
Y ya han llorado suficientes madres tantas veces
que sus Cristos y Vírgenes llevan en huelga absoluta
toda su santísima eternidad.
La prueba de resistencia y dureza ya la hemos aguantado
y el psico-técnico constante al que nos tienen sometidos
ha demostrado que la cordura es la forma de represión
más cruel y sutil del hombre.
No hay cartógrafa capaz de dibujar el plan
que hace tiempo presentaron Audacia y Astucia
al comité suprasensorial de hipótesis e ideas.
Y al final de esta legislatura uni-guberna-mental
solo nos quedarán las constelaciones
mandándonos mensajitos de OSKM
a través de sus millares de estrellas.
Mira loco
deja los jardines y los charcos
que acabas fumando de todas las matas
y buceando por su pegajoso lodazal
hasta coger las perlas más tochas.
Así llegas siempre a casa empercodío
y tu madre me regaña
porque le tengo a su niño comío de mierda.