Cada vez que escupes esos vocablos
desde la profundidad de tu arrogancia
y lanzas ideas venéreas al vulgo
se me encojen los ojos.
Me entra la bajona y dejo de creer
que un día podremos deshacernos
de las pieles y la vista.
Parece perenne el despertar en ocre,
el reposo psicoactivo, continuar existiendo.
Vivimos en un continuo vaivén
de bajones, euforia y pastillitas.
Las normas son oxímoron.
Los jueces hicieron la trampa
antes que la ley.
Y los nuevos juristas protegen la ley
porque quieren hacer trampas.
Fuerzas del orden para reprimir,
miedo a los mutantes – a la miseria.
A los que huyen hacia delante
con ojos y nariz tapada – rebotes de la pared.
Llegó la muerte a nuestro prisma
y con ella minan nuestro devenir.
Me entra el bajón con las vallas de sangre
las fronteras infinitas de papeles y colores
las semillas olvidadas reproducir
con los nazis que nunca se fueron de Europa.
Se me caen las lágrimas con la producción en cadena
me escuece el ánimo con las “invasiones
y enemigos de Europa, de la civilización”.
Los malos siguen dentro y sin nombre.
Solo tienen etiquetas de poder:
filántropos y empresaurios, Heineken y Mahou,
Bayer y Nestlé, Renoult y el Vaticano.
Me entra la bajona cuando mi pilot
vierte su llanto en mi ánimo
y solo me afloran los mojones.
Aquí no vale nadie y nos necesitamos todos.
Un suspiro por los que no pasan el corte.
Un brindis por el vértigo y 3 chupitos
al que madrugue mañana.
Parece que las fotos más bonitas
esconden las poses más feas.
La verdad es un mejunje de palabras
con significados que alguien les puso.
Nos erguimos sobre adoquines
que no esconden ninguna playa;
solo los cuerpos que llegaron
y no les dimos permiso a entrar.
Hoy no me hables que estoy de bajón
pero mañana cuando me veas
te prometo que te miraré de frente
con la vida en guardia
encarando su maldita necrofilia
sus ganas de vernos de bajón
metiéndomela por la nariz
e hincando el dedo acusador
en el pecho palomo de la autoestima.
Los muertos ya estamos muertos
y solo nos temen los que quieren secuestrar la vida.