Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

En la lucha

Tengo la madeja llena de hilos,

y pocas agujas para enhebrar.

Tengo la cara llena de lastre

y pocos gestos de amor.

Ya no miro las pupilas de nadie,

he roto espejos a gritos

y me sangran lápices la voz

porque suelo chapar la noche

con un quejío tan feroz

-con un tinte tan podrido-

que hasta el sol prefiere esconderse

por no quemar mi piel.

La culpa es mía y del horizonte.

Tantos mares bailados

cogido de sus solapas

que se me olvidó

cómo se mueven los pies al caminar.

Me embarqué en hidropedal

en busca del One Piece.

Me susurró el rompeolas

que gaste cuidado con las espinas

porque siempre afloran

cuando hay abono debajo.

Que la arena siempre quema

bajo las plantas de los pies.

Y que los piratas no aceptan nakamas

con tanto ruido entre las sienes.

Con esas condiciones,

he decidido amanecer púrpura y limpito

sin basugre ni vinagre,

oliendo a lemon haze,

con el lagrimal curtido.

Me he despertado más pirata que todos ellos.

No me importa ver el mundo arder

porque los vampiros y zombies

se están comiendo la realidad

con la ferocidad del hombre lobo.

No necesito protección

porque Frankenstein camina conmigo.

Soy el mutante que asusta los monstruos.

La descendencia del deseo y el placer.

Un inocente hecho jirones

que prefiere escupir los dientes

antes que tragarse montañas de mierda.

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