Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

Tirando beef

Si el ayer languidece por ideales

de cimientos con corsé,

el hoy tiene mis vacaciones disueltas

en el olor azufre de tu boca de volcán.

Sin tregua de la radio – ni su antena

ni de las voces que invoca

para dictarme las últimas barras de la noche.

Esas horas que renuncio a ser Rodríguez Ruiz.

A Ser de mi madre y de mi padre.

A ese sopetón de amanecer pálido

con el frío de los 40 grados con sombra

que he mantenido como condena que abriga

las causas sangrantes en las que me embarco.

Media Andalucía atravesada en mi garganta,

algún que otro jinete rociero muerto

que quiere pudrirme el rojo de los huesos.

La otra media atorando mi intestino podrido.

Yo aún no sé qué proteger.

Aún dudo si hay algo para ello.

No me han quedado más historias

para postergar al quehacer extraordinario.

Pero tengo cristalino que

La poesía del pelo largo que caga versos

de verano e invierno en el Corte Inglés

que prefiere el exceso de egolatría

a la actitud pusilánime que uso como esmoquin,

esa poesía, no vale más que la pluma de una paloma.

Rechazo la ignorancia de tu carne a mi carne

como mordisco sin aliento de los perros

y los cabellos que me arranco mientras te tiro beef.

No sé que me queda por aguantar

pero sé que me quedan los lazos que tejo

más allá del calor que derrite mis ojos

donde las montañas se desprenden del frío.

Y me quedan restos en los dedos

por haber migado mi autoestima

para sacar los únicos versos

que no huelen a humedad

pero hacen match con la Luna

y con sus sueños plateados.

Lo que te quede a ti

y lo que te llene la sonrisa

es lo que denigra la vieja profesión

de sacar provecho al dormir despierto.

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