Cállate que me estás empañando los ojos.
Cierra la puta boca y límpiate
antes de decir palabras
que suenan a dulces.
Recuerda que no has venido
a contarnos a todos cómo hacer las cosas
cómo amasar el pan negro
cómo vestir el hábito del monje.
Guarda respeto al ruido
apagando el timbre de tu voz
porque un lambo no es libertad
y si eres tan imbécil
de hacernos creer que estás bonito
llorando en la limu
sabremos todos que de llorar
no tienes puta idea
y que la limu es alquilada.
Cósete los labios antes de decir sandeces.
Libranos de tu mal
por todos los amenes del mundo.
Cómete un ácido
que te pudra los dientes
y cuélgate bocabajo y sin tripas
como un fascista cualquiera.
No vengas a enturbiarme
con tus historias del rico hecho a sí mismo
con esa absurda canción
de comer dos veces
porque lo haces callaíto,
si cada vez que se abre una ventana
está tu cara de mandril
soltando rabas de ignorancia.
Por favor, cállate y déjame tranquilo
que estoy soñando
y todavía no lo he visto hacerse realidad.
Así que guarda silencio, cojones
que prefiero vivir en mi relato onírico
y que ya sabemos todos
lo mucho que te gusta
medirte la polla.