Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

Conato de lucidez

Estoy seguro de ser el antagonista

en esta parte de la historia

y que las lágrimas de mercurio

del suelo portan mi aroma.

Tengo cristalina la pertenencia del error

aunque me retumbe el pecho

y no me deje crecer las uñas.

El bienhacer tiene tu impronta;

las cagadas solo apestan mi wáter.

Doy por sentado tus cátedras:

bajo mi alfombra solo hay

serpientes de polvo

y mis pestañas escupen

pentagramas negros, lágrimas

de chocolate con naranja.

No queda ni una caña

que tirarme por lo alto:

aunque Madrid esté vestida

con colores cálidos,

mis gestos solo aguantan

brisas de hielo y el pan

que bendijo algún dios.

Amén y sin testigos

que verdad y razón

son tus apellidos

y que yo me formo

por palabras con mugre

y un pilot negro clavado

en las arterias del motor.

Tengo por conciencia

ser la mancha del diario,

ser un milagro pactado;

rompeolas roto el 16 de julio.

Mis dedos son gusanos

y mi ayer: una estafa piramidal.

Ha podido el verano

con la cera de nuestras velas

y los cuervos se cansaron

de mis cuencas púrpuras.

Te juro que es luz

el querer dejar intacto el cariño

y si hace falta pondré

una Antártida entre nuestros ojos

para que se salven los osos polares

para que se congele la ternura

de nuestras miradas.

Si es eso lo que te debo

te presto mis venas

para que exprimas el cemento

que corre por ellas

y se quede indeleble,

tallados en la dura piedra,

los versos que se resistieron

a estar en tu cuaderno.

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