Estoy seguro de ser el antagonista
en esta parte de la historia
y que las lágrimas de mercurio
del suelo portan mi aroma.
Tengo cristalina la pertenencia del error
aunque me retumbe el pecho
y no me deje crecer las uñas.
El bienhacer tiene tu impronta;
las cagadas solo apestan mi wáter.
Doy por sentado tus cátedras:
bajo mi alfombra solo hay
serpientes de polvo
y mis pestañas escupen
pentagramas negros, lágrimas
de chocolate con naranja.
No queda ni una caña
que tirarme por lo alto:
aunque Madrid esté vestida
con colores cálidos,
mis gestos solo aguantan
brisas de hielo y el pan
que bendijo algún dios.
Amén y sin testigos
que verdad y razón
son tus apellidos
y que yo me formo
por palabras con mugre
y un pilot negro clavado
en las arterias del motor.
Tengo por conciencia
ser la mancha del diario,
ser un milagro pactado;
rompeolas roto el 16 de julio.
Mis dedos son gusanos
y mi ayer: una estafa piramidal.
Ha podido el verano
con la cera de nuestras velas
y los cuervos se cansaron
de mis cuencas púrpuras.
Te juro que es luz
el querer dejar intacto el cariño
y si hace falta pondré
una Antártida entre nuestros ojos
para que se salven los osos polares
para que se congele la ternura
de nuestras miradas.
Si es eso lo que te debo
te presto mis venas
para que exprimas el cemento
que corre por ellas
y se quede indeleble,
tallados en la dura piedra,
los versos que se resistieron
a estar en tu cuaderno.