Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

Cosas de casa

Tener en la casa

las cosas en sus sitios;

los libros en los estantes,

la tele calladita,

y la mesa redonda que me okupe

el centro de la mente.

Salir de lo cuadrado;

de lo invariable del ayer,

poder limpiar los polvos

que soportan mis hombros.

Voy a hacer un David con la polla tapadita

para que no huela todo a percebe.

Voy a pintarme la cara de payaso

cuando baje a la mar de cemento

que parezca que estoy animado,

que tengo ganas de estar donde estoy

y que acabe con los labios caídos de mis ojos.

He roto el papel que asoma

bajo la puerta del baño;

he escrito con carboncillo

las respuestas indelebles.

He vuelto a rodearme de todólogos y jalabolas

que aman el olor a marisco

de los que quieren ser timonel en tierra,

de los que se parten antes de hundirse,

de los que no improvisan la vida

porque saben cómo se hace

desde que nacieron.

Tengo poquitas ganas de esta ciudad,

de este sentimiento de desidia cabrón

y del ayer enquistado por palabras

tragadas sin vasito de agua.

Necesito garrafas de lejía

para las manos sucias

de tanto fregar los adoquines de la puerta;

Ariel para comer y Calgón para esnifar.

Limpiarme las costillas y el corazón bamboleante.

Tengo aún menos ganas de ordenar el despacho.

Que los libros se queden quietos;

que las luces del ordenador

sean de discoteca sin camareros

que sirvan arsénico en los cubatas

y que las palomas aniden en la azotea

donde crece la yerba pegajosa.

Soy la sal maldón de los pobres,

el garabato cutre que imita tonterías

de todólogos y jalabolas

y de pijos que comen flores.

Tengo la casa llena de polvo

y lágrimas por el frío suelo.

Me he gastado el Volvone

y no tengo para el parquet

que cruje a cada paso que doy

cuando me adentro en las tinieblas

de mi habitación de cachivaches

y condones usados conmigo mismo.

Juro que voy a aguantar un rato más

en esta cueva de espesa oscuridad,

que no voy a saltar ni usar cuchillas

aunque vea alas en mi espalda,

aunque vea espadas en mis uñas

y juro que si me lavo en la bañera

carcomida por cucarachas

saldré como un mutante más

que anda con un buenos días constante

y con aliento mañanero de percebe.

Quiero la casa limpia y ordenada;

los juguetes fuera de sus cajas,

la tele haciendo clavados por el balcón,

y la mesa redonda

okupando el centro de mis pensamientos.

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