Tener en la casa
las cosas en sus sitios;
los libros en los estantes,
la tele calladita,
y la mesa redonda que me okupe
el centro de la mente.
Salir de lo cuadrado;
de lo invariable del ayer,
poder limpiar los polvos
que soportan mis hombros.
Voy a hacer un David con la polla tapadita
para que no huela todo a percebe.
Voy a pintarme la cara de payaso
cuando baje a la mar de cemento
que parezca que estoy animado,
que tengo ganas de estar donde estoy
y que acabe con los labios caídos de mis ojos.
He roto el papel que asoma
bajo la puerta del baño;
he escrito con carboncillo
las respuestas indelebles.
He vuelto a rodearme de todólogos y jalabolas
que aman el olor a marisco
de los que quieren ser timonel en tierra,
de los que se parten antes de hundirse,
de los que no improvisan la vida
porque saben cómo se hace
desde que nacieron.
Tengo poquitas ganas de esta ciudad,
de este sentimiento de desidia cabrón
y del ayer enquistado por palabras
tragadas sin vasito de agua.
Necesito garrafas de lejía
para las manos sucias
de tanto fregar los adoquines de la puerta;
Ariel para comer y Calgón para esnifar.
Limpiarme las costillas y el corazón bamboleante.
Tengo aún menos ganas de ordenar el despacho.
Que los libros se queden quietos;
que las luces del ordenador
sean de discoteca sin camareros
que sirvan arsénico en los cubatas
y que las palomas aniden en la azotea
donde crece la yerba pegajosa.
Soy la sal maldón de los pobres,
el garabato cutre que imita tonterías
de todólogos y jalabolas
y de pijos que comen flores.
Tengo la casa llena de polvo
y lágrimas por el frío suelo.
Me he gastado el Volvone
y no tengo para el parquet
que cruje a cada paso que doy
cuando me adentro en las tinieblas
de mi habitación de cachivaches
y condones usados conmigo mismo.
Juro que voy a aguantar un rato más
en esta cueva de espesa oscuridad,
que no voy a saltar ni usar cuchillas
aunque vea alas en mi espalda,
aunque vea espadas en mis uñas
y juro que si me lavo en la bañera
carcomida por cucarachas
saldré como un mutante más
que anda con un buenos días constante
y con aliento mañanero de percebe.
Quiero la casa limpia y ordenada;
los juguetes fuera de sus cajas,
la tele haciendo clavados por el balcón,
y la mesa redonda
okupando el centro de mis pensamientos.