Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

Vivir el colapso

Estamos perdiendo la batalla pendiente del sol

porque las hojas de cobre han oxidado

el paso del tiempo y del querer

algo que habitar

algo que abracen las espinas.

Nadie estaba conforme con solo vivir,

con solo las miradas de escrutinio

de algo infinito como una canica

y las manos infantiles que la moldean.

Estamos perdiendo las virtudes de los perros,

encajados en un sofá con manchas de vino

y sudor alcohólico.

Estamos tirando de café y pastillas

y la tierra de los pies es azúcar

deshecha en la primera taza del día.

Hemos sido crípticos y culpables

clérigos y domadores de culebras

mientras la vida se arranca a romper

con el maestro de ceremonias.

La batuta está sorda,

los gritos balbucean en los oídos

y no se escucha ni el mar

ni el canto amargo de las sirenas

pero retumba el tubo de escape

y los humos grises

que cotizan al alza

la destrucción del planeta.

Decrecer es sine qua non

condición indispensable

para mantener la gracia de las flores,

el olor podrido del compost.

Los bocados de teflón

auguran el cáncer prematuro

insalvable, irrecuperable

y las células que han ido matando

nuestra equidistancia.

Que sí. Se puede marchar hacia adelante

y mirar a su vez para atrás.

Es un reloj que marca las horas del revés,

es un after con esencia de vainilla

y cascotes de hormigón armado.

Un juego de Lego y mercromina

para los borbotones de sangre espesa.

Se puede comer maicena

aunque no nos guste

se puede salir del boquete

donde abrazan las sombras

y se pueden callar las voces

de los expertos con corbatín

que defienden el ‘no se puede’

por su propia voluntad.

Han llegado los tiempos de campanas,

del extirpar del ayer podrido

con su saco de historias

de destruir y dejar ancladas sus ruinas.

Me quito de la garganta las espinas

los tejemanejes inventados

de los adaptados al presente

que no dejan margen

a los que creemos que somos

y no nos hacemos.

Colmillos sin ácido

y garras de punta roma.

Porque podemos perder

la inercia que nos arrastra

a este colapso

de fábricas y banderas.

Estamos perdiendo la batalla

pero todavía nos queda la guerra.

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