Estamos perdiendo la batalla pendiente del sol
porque las hojas de cobre han oxidado
el paso del tiempo y del querer
algo que habitar
algo que abracen las espinas.
Nadie estaba conforme con solo vivir,
con solo las miradas de escrutinio
de algo infinito como una canica
y las manos infantiles que la moldean.
Estamos perdiendo las virtudes de los perros,
encajados en un sofá con manchas de vino
y sudor alcohólico.
Estamos tirando de café y pastillas
y la tierra de los pies es azúcar
deshecha en la primera taza del día.
Hemos sido crípticos y culpables
clérigos y domadores de culebras
mientras la vida se arranca a romper
con el maestro de ceremonias.
La batuta está sorda,
los gritos balbucean en los oídos
y no se escucha ni el mar
ni el canto amargo de las sirenas
pero retumba el tubo de escape
y los humos grises
que cotizan al alza
la destrucción del planeta.
Decrecer es sine qua non
condición indispensable
para mantener la gracia de las flores,
el olor podrido del compost.
Los bocados de teflón
auguran el cáncer prematuro
insalvable, irrecuperable
y las células que han ido matando
nuestra equidistancia.
Que sí. Se puede marchar hacia adelante
y mirar a su vez para atrás.
Es un reloj que marca las horas del revés,
es un after con esencia de vainilla
y cascotes de hormigón armado.
Un juego de Lego y mercromina
para los borbotones de sangre espesa.
Se puede comer maicena
aunque no nos guste
se puede salir del boquete
donde abrazan las sombras
y se pueden callar las voces
de los expertos con corbatín
que defienden el ‘no se puede’
por su propia voluntad.
Han llegado los tiempos de campanas,
del extirpar del ayer podrido
con su saco de historias
de destruir y dejar ancladas sus ruinas.
Me quito de la garganta las espinas
los tejemanejes inventados
de los adaptados al presente
que no dejan margen
a los que creemos que somos
y no nos hacemos.
Colmillos sin ácido
y garras de punta roma.
Porque podemos perder
la inercia que nos arrastra
a este colapso
de fábricas y banderas.
Estamos perdiendo la batalla
pero todavía nos queda la guerra.