Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

Por el culo no

Decidí aburrirme de ser demonio,

comerme una vida pulcra de metro y madrugones;

avanzar con los ojos rotos por el sueño

y sangre seca a las puertas de la garganta.

Cuando dejé brotar ácido de palabras

y construirme alcoba en los silencios

resultó que había demasiado orden matinal

y poquísimos cimientos de caos perfecto.

Te creí eso de que estoy majarón perdío,

que ni pajolera idea de nada y desubicado;

y ahora me pago las cuentas con los cascotes

de vísceras que encuentro entre los escombros.

Solo me has dejado por diversión

el sparring contra la pareja de gigantes

que protegen en oblicuo plaza Castilla.

Te presto Lavapiés y los parques con césped.

Te brindo a la gente de ojos tristes

y las lágrimas de alquitrán

que me brotan negras y pegajosas.

Ahora que se me han puesto flamencos

los fósiles de Pompeya, vienen tus matones

a bailarme las ascuas, a avivar mis patologías

a dejarme en evidencia del poco caos

que sustenta mi rutina perfecta.

Me he perdido por mil razones

y por las bombas que masacraron La Desbandá.

Ahora me duele madrugar.

Ahora me duele la mirada roja

y las pestañas partidas del insomnio.

He vuelto a caer de pie en el infierno

porque vuelvo a andar demonio sin cola,

hombre sucio de nariz blanca

y de perfume caliente del limpiavinilos.

Te pido por el amor

que me las des en la frente:

por el culo, no;

 que aún me queda el ayer que me erige,

-el niño caótico de mis cimientos-

lo tierno de las miradas de sofá,

y el abrazo del mar malagueño

que me limpia la pus neurótica

que inunda cada noche

la calidez de mi almohada.

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