Que sea la penúltima vez que masticas
con tanto tesón las nubes, sin dejar
gota para lavarme la cara,
y que me escupes tormentas
cuando tengo el paraguas
dado la vuelta con las varillas rotas.
Pregúntame primero quién soy hoy,
de qué pozo sale mi voz aguardientosa,
y si he tenido el valor suficiente
de romperme en trocitos
para seguir buscando los cimientos
de mi pasado de almizcle,
y si yo también estoy fusilado
por los cañones del tiempo.
Pregúntame primero quién coño
me toca ser esta noche,
por qué camino he llegado
antes de arrojarme tus saberes
divinos con filo de katana.
Me han quedado cristalinas tus premisas.
Me he aprendido de papagayo
esa propaganda barata de polvorilla
y ya te he respondido cuáles son
mis lugares más humanos
de los lunes por la noche.
Que si amanezco tan miércoles
y me acuesto vestido de rojo viernes.
Eso que quieres saber de mí
pregúntamelo a la manera de los martes,
sin paja en los ojos
y sin tantos estruendos
en tu tono de voz lluviosa.
Que sea la penúltima vez que me haces
sangre de conciencia penitente,
que me pones de nazareno capillita
y me supones cantaor flamenco
que sabe entonar los quejíos.
No respiro en jueves para caer
de pie un sábado de resaca.
No hallo soluciones a tu Rubik falseado
aunque vomite en el examen
lo que prefieres escuchar los findes.
Empieza primero preguntando
por los saberes fáciles:
Si he revisado mi carpeta de spam.
Si le he hecho ghosting
a tus PING del chatberry.
Si yo también vengo del pez o del mono
o si aliño bulerías con chuches rosas
el despertar de los domingos.
Lo que te aseguro por mis huesos,
por mis costillas molidas de cristal,
es que no puedo tener idea
de cuando coño se dice olé
durante esta canción
que siempre me dura
una semana entera.