Era demasiado pedirnos un porqué
que rezase más allá del estamos muertos,
y porque vamos a morir
no nos salen canas en la voz,
y porque estamos muertos
tenemos los hielos cubiertos
de felicidad hipotecada.
Es por el querer morir como se debe,
con las manos limpias y la boca
llena de tizas de colores.
Es por esta fe proscrita,
por este impulso kamikaze
de saltar del borde de un abismo al otro
con el invierno en medio.
Es por la vida entera que hemos pagado,
tener por meta un telón negro
y un futuro de palabra malgastada.
Era demasiado pedirnos justificaciones,
ponernos un parte por no llevar
el uniforme como marca el canon.
Nos debíamos algo más que vuestros todos.
Si hace falta os prestamos el oxígeno,
os fiamos las ganas y la cordura,
el trampantojo de la salud,
y os dejamos a deber los bronquios limpios;
los estimulantes que pasamos por el control.
Era demasiado haber entre tanto tenéis
y demasiado diseño entre tanta gafa
de realidad virtual.
Es muchísimo el realizarse como seres,
desprenderse del deseo como impulso
y separar del relato onírico de nuestra verdad;
el teatro de la vida estipulada.
Así que no, no voy a aprender a escuchar
las voces que emanan de vuestras cuevas.
Voy a aumentar los decibelios
de mis pensamientos más rotos
para encontrar de una maldita vez
las grietas que tapa la masilla.
Porque es demasiado pedir porqués
a los que deciden vivir
con los ojos muertos.