Resulta que al jueves
le han entrado ganas de jaleo
y yo llevo mucho peso en la mochila
para estar divagando por la piel
de cemento del monstruo,
por sus lunares de rotondas,
por sus cejas de asfalto
y polvo en el aliento.
Otro jueves que me toca hacer
del gulag un patio de recreo,
de ganarme el pan algo honrado
y virtud olvidar que añoro la sal
de mi Rincón, sus nidos vacíos
y sus águilas como gárgolas
inmóviles y vigilantes en las cornisas.
Me chorreo cuesta abajo Valderribas.
Me resbalo en las escaleras del metro de Pacífico
y me rayo con el viandante lector del ABC
que se queda inmóvil en la izquierda
que impide el paso de los atletas,
las bacterias más rápidas
de las tripas del monstruo
con ojos de neón.
Muto de neurótico a psicópata
en lo que dura una escalera mecánica.
Le susurro con total delicadeza:
“no disfrutas de tu pedacito de gulag
y el Tanatorio M30 está al acecho”.
Otro jueves que tiene ganas de guasa
y yo con el portátil del curro en la mochila.
Aunque solo tenga de bueno
que mañana es viernes
y el monstruo será un peluche
con piel de césped y ojos de luna llena.
Ya estoy perdido.
Ya estoy liado.
Aunque hoy sea jueves
y yo tenga demasiado peso en la cabeza
para andar divagando.