Hicimos del tiempo tal chicle
que ninguno supo nunca
formular la ecuación de parir un ayer
merecedor de ser parásito de la memoria.
Me confesó un cristiano
que siempre escribo de lo mismo;
que por muy polarizadas tenga las gafas
voy a ver el mundo de colores humanos.
He negado mi cuerpo devastado
por la rutina y los lamentos
y he confiscado las chuletas
que me ayudaban a recordar
cómo se tiene que vivir
cuando vienen mal dadas.
Estoy buscando la máscara
que me cubra la cara de añil
que me permita tener otra expresión
más acorde a los tiempos
donde luchar no es una opción
es punto de partida y quehacer diario.
Tengo las mañanas abiertas,
una herida de la que brotan pájaros
que no alcanzan los bebederos más cercanos.
No queda ningún puente tendido
y el cariño que nos tenemos
ha difuminado las palabras escritas
de todos mis poemas y quejíos.
Hoy no seré más que una boya del mar
mecida a su antojo por el oleaje.
Por el blanco de tus córneas
mañana firmaré ese contrato
con mi sino descarnado para despertar
con ambos pies en tierra.
Me declaro gerifalte sin astucia
trompetero sordo y delinquente con principios.
Y si algún día me has querido
comprenderás que abrece
las enseñanzas del chincheta:
cortarme las comisuras
fumarme las flores de la plaza
y colocarme una careta
con la que poder salir a la calle.