Lo mejor es que Dios está muerto
y ha caído con sus jaulas de moral
a lo más profundo del subsuelo;
donde no puede ver mis pasos de polvo,
y no me puede meter en cárceles
de candados de arena y puertas abiertas.
Lo bueno es que Dios ha muerto.
Nietzsche también.
Me convenciste de que los domingos
hacen misas los pastores más elocuentes
en las paredes derretidas de mi casa,
con los albores perdidos entre arcadas
y punzones detrás de mis ojos.
Era tu mentira favorita,
el precio de mis colisiones.
Dios no está de parranda.
Te lo confirmo.
Gagarin dijo que tampoco lo vio en el cielo.
Lleva eones sin sentir nuestro luto.
Se me ha deshecho el papel
donde escribiste las leyes del vivir
y tengo la boca muy sucia
de comer tales mierdas de alto calibre.
Dios no conoce tu purgatorio
porque su sangre es Kalimotxo
y su voz el arpegio del techno.
El ‘seremos para siempre’ no existe
porque Dios no es inmortal
y tú nunca fuiste su mesías.
Ninguno supimos cómo hacerlo:
cómo vivir juntos y conjugar amor
imaginando que es un verbo.
Reconozco que me escocieron las cicatrices
del látigo y de la penitencia cofrade,
que me llevé del templo
todo lo que no era material
y que lo puse en práctica
hasta que me enteré de la tragedia
del todopoderoso: que morir
lo hacemos todos y cagar también,
y si en algún momento tus pedos
olieron al perfume de azahar
de las calles de Andalucía
hoy huelen a cadáver putrefacto.
Lo bueno de no tener rumbo
es poder diseñar un nuevo mapa.
Poder sentir la arena de los pies
sin tener una predicción,
poder beber agua sin hacer milagros
como el más dulce de todos los vinos.
Lo increíble de todo esto
es que una vez hice a Dios vivo.
Hice politeísmo con mis relaciones,
un Opus Dei de las sentencias,
los 40 años de desierto
con los ojos todavía mirando.
Lo increíble es que confié
en que Gandalf vendría a rescatarme.
Pero Dios está muerto, lo sé,
y todas esas palabras
con rebites de oro, coronas de espinas
y hostias de narcisismo
se han quedado sin feligreses.
Soy ateo desde que nací.
Menos mal que Dios está muerto.
Y que Nietzsche también.