Parresía

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Parresía

de Wifly Rodríguez

Cuadernillos Rubio letras feas

Deja en paz a los caballitos blancos, mi niño,

no le des de comer alfalfa de ayeres y mañanas.

Aprende a desprenderte de las cosas,

a guardar en frascos la suciedad que levantan

los huracanes y las tormentas.

Quédate con el paraguas que soporta el granizo.

La punta de los pilots también se desgasta

y si dice ser inocente mira bien sus ojos

que tras sus muecas se descifra siempre  

el escondite secreto de la verdad.

Suelto, y prometo que no es intento:

Han dejado de dolerme las fustas,

ahora soy yo el dominatrix con látex,

y el norte que me habéis marcado

me lo paso por los huevos.

No era cuestión de mi brújula escacharrá;

estaba tuerta y aún le queda mitad y un cuarto

Para abrir el párpado que le falta.

Déjame una partida de ajedrez más

con los caballitos papel,

apostar con ellos mis pelos de acero

y agradecer los consejos

de quien se sabe persona

con 8 horas de sueño.

El beber agua que es mu sano;

lo del té que sustituye dosis de cafeína;

y yo, Juanmita-liadita

mirando al oeste para ver amanecer

con los pies por fuera del balcón.

Me declaro mamporrero de las flores,

afiliado a las pupilas de canicas y labios de mordiscos.

Reconozco mi adicción a la perpetua yihad interna,

a echarme unos puños con Bill el Carnicero

cada vez que me envuelvo en las sábanas.

Fleto barcos de Caladan a Arrakis

con el puestazo de melange.

Saco todos los porqués a los mundos

y los venenosos porquereres a las estrellas.

Y voy a seguir jugando fuerte

con los caballitos blancos

aunque acabe con ánimo de perdedor.

Seguiré chorrearme por la neurosis

y sacando la caligrafía más fea

en los pocos versos potables

de mis cuadernillos de verano.

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