Derecho de pernada
Amanezco los lunes a pasitos cortos,
con las alforjas cargadas de benzos,
y las palabras escritas en serif;
por si hubiese algo que sume.
Que no nos falte de ná, madre,
que no vamos a hacer culto de la pena
ni trinchera en el dolor,
por el callo en la piel del alma
y por todas las lágrimas perdidas
en las arrugas de nuestro rostro.
Acostarse en una cama de fantasía
es un peligro social,
y querer el calor de sábana ajena
es trampantojo del ego.
Me sigo cosiendo los puntos, madre
Aunque yo solito me los abro, sin manos.
No hay camino de Plasencia a Carabanchel.
Ahora me duermo yo solito, sin sueños.
He aprendido a llamar a las puertas
con sello de identidad certificada.
A escupir las muelas rotas por bruxismo
en la cara de la desgracia;
a seguir respirando sin capacidad pulmonar.
Ya no es ajeno andar con la luz apagá;
quien no sepa que rescate sus trozos de amargura,
y que ejerza en ellos su derecho de pernada.
Siempre estará encendida la luz de mi pitillo
pa que no se pierdan los quijotes,
por el compromiso con la memoria,
por el deseo hecho trizas
en la picadora de la rutina.
Vamos a encontrar razones pa sonreír,
Van a cobrar sentido las cutículas azules de mis dedos
y las cuencas moradas de tus ojos.
Y si quedase algún lugar donde esconderse
Lo tendremos marcado en nuestros pies
Porque Google no tiene respuesta todavía
A los que hacemos la penitencia
descalzos detrás del trono.
Por los capirotes y las mantillas, madre
por las espinas que sacamos de nuestras piernas
y los mordiscos tobilleros de las cuquis
que quedarán con nosotros cuando acabe la tormenta.
Te aseguro que no nos va a falta de na.