Por mi esencia desfilan uno a uno
mis errores y mis vergüenzas.
Ya no salen en esa tos
tan de golpes en el pecho
y de saliva atragantada por el cannabis.
No le pongo tanto tiempo a expulsarlos;
ni le pongo tanto esfuerzo a sacar los esputos:
los gargajos también se reabsorben y a veces
es mejor darle oportunidad al silencio
que sacar a relucir las palabras empozoñadas
de los callos que almendran con pena la voz.
Con este tiempo de fantasmas
y antidepresivos me hago hogar
en mi trinchera porque soy yo
cuando estoy en casa y nosotros
cuando ardemos en la hoguera.
Vuestra libertad es una comedia capitalista
y un antojo de realidad para los sueños.
El metro tiene que oler a sudor y lágrimas:
la hora punta devora humanos y caga esclavos.
La publicidad se enquista de mentiras
y Dios parece un facha si llueve en la manifa
y parece Kairós cuando menos aparece.
El cubo de palomitas para la digestión
de este espectáculo de stories y perfiles de LinkedIn
se me está quedando seco.
Ahora aguanto andando de Carabanchel a la Latina,
encontrando calor en los focos de las farolas,
agua fresca en los restos del vermut,
duende flamenco en cada grano del gotelé
de las paredes de mi casa.
Porque en Hollywood también hay cine comunista
y elitismo en el cine indie europeo,
y hace eones me cansé del ritmo
de estar al día por minutos, de tanto FOMO
y de tanta gana de preboda y babyshower.
He montado una verbena
en el patio interno de mi tiempo.
Está lleno de flores verdes y moradas,
fuentes doradas de cerveza
y un polen tan limpio que saca hasta
el enfisema pulmonar del último alveolo.
La libertad es un preso que lima uno a uno
los gruesos barrotes del tiempo
y yo el carcelero que la mantiene con vida.